Apocaliptsick: Batman vs. Superman

Para cuando yo empecé a leer comics, allá por el inicio del milenio, los superhéroes estaban en un proceso de vuelta al mainstream que ahora parece imparable. Con los anuncios constantes del universo cinematográfico de Marvel, su crisis de continuidad, y la golpeada DC tratando de correr al trote, pero rompiéndola en la TV, me atrevo a afirmar que los supers van a seguir dominando nuestros días por lo menos, por diez años más.

Ahora, la pregunta que yo me hago, es ¿cómo?

Ya en mi primera nota en la página, hablé sobre cómo los superhéroes nos legan valores y principios, y que al menos a algunos de nosotros, ocupan un lugar hasta de figura paterna en ciertos aspectos de nuestras vidas. Mientras crecía en un ambiente absolutamente hostil, violento y desesperanzado, contemplé muchas veces callar la cacofonía constante que gritaba adentro mío, y simplemente, morir. Tan simple como eso. Como podrán ver, no lo logré, todos mis intentos fueron de alguna forma frustrados, por mí, por otros, o por que algo dentro mío se rehusaba a la idea de no existir. A la idea de darle la razón a todo lo que los demás creían, la idea de que yo, un ser individual con posibilidades infinitas era absolutamente insignificante. Y como todos los adolescentes, me rebelé contra todo. Mis papás, su divorcio, mis psiquiatras, la escuela, la música que tenía que escuchar, mi color de pelo, mi herencia familiar, la política, el machismo, incluso con mis propios deseos y sueños. Me envolví en una espiral de autodestrucción, en la cual sólo podía convertirme en alguien siendo un alma torturada y lúgubre con kilos de delineador y borcegos que me hacían parecer de metro ochenta.

3154135-originY como todo adolescente conflictuado, en vez de buscar algo que me sacara de mi miseria, buscaba el confort en otros como yo, y en otros aspectos que me representaran. Como podrán imaginar, mi superhéroe favorito siempre fue Batman. La historia de Bruce Wayne tenía poco que ver con la mía; no sólo jamás tuve un peso partido al medio, sino que mis padres me prestaban demasiada atención de todas las formas incorrectas, y obviaban todas las importantes, incluso estando ahí. Pero desde muy chica, había perdido algo con lo que podía verme reflejada en Bruce: yo había perdido la posibilidad de ser chica, porque me la habían robado. Mientras yo me revolcaba en mi propia miseria, Bruce Wayne había crecido y había peleado contra todo lo que lo había convertido quién era, sin realmente sentarse y resolverlo de manera franca y honesta consigo mismo. Y a mí me parecía genial, taponar los problemas emocionales en inyecciones de adrenalina, así que a mi forma hice lo mismo. PERO. Hay un enorme y gigantesco pero acá: yo no era nada feliz; y no sólo no era feliz, sino que era incapaz de verme en el espejo sin tener ganas de partirme la cara por imbécil.

Años de terapia, junto con años de entrenamiento emocional y guerras con la imagen, el sexo y la identidad, comprimidas en el tamaño de mi caja toráxica (que es muy pequeña) y almacenadas en una sinapsis constante que se repite como en loop adentro de mi cabeza (que también es bastante pequeña), llegamos a un momento crucial: terminé la secundaria. Y como todos me pregunté “¿Y ahora qué?”; me dispuse a hacer lo más cercano a quién era yo como individuo, pero que al mismo tiempo era algo que yo entendía que mi héroe hubiera aprobado: Me dispuse a estudiar psicología forense.

BatmanLabTenía la idea de que de alguna forma, yo iba a ser capaz de retribuir algún tipo de justicia para gente a la que no le importaba nadie, como lo había sido yo. Pero al contrario de lo que creía, no era nada feliz. La idea de estar en constante contacto con mis traumas no era algo que me diera un cierre o una resolución, era una puñalada en el pecho que me rompía un poco todos los días. Lo que pensé que era la respuesta a salvarme, era en realidad una condena hacia la pobre nena torturada que tengo adentro.

Entré a los 20 años, como todos, con una crisis emocional abajo del brazo y una lucha entre la nena que siempre estuvo encerrada adentro y el adulto que tenía que ser en mi psiquis. Y en ese proceso me enfrenté con dos cosas enormes: una, fue aprender a ser honesta conmigo misma, y otra, era un tipo con una capa roja.

superman-artwork-43Para mí, mientras crecía, Superman era tan gay como se puede ser, siempre tan moralista y tan correcto, realmente me rompía las pelotas. ¡Lo detestaba! Era un embole (aunque los actores que hacían de Superman eran dioses griegos y me hacían feliz en la ducha) y por sobre todo, chocaba con la imagen de niña darkie, que leía Sylvia Plath y escribía en fanzines. Superman estaba hecho de todas las cosas que yo nunca me animé a dejarme ser. Estaba hecho de toda la esperanza, el idealismo y el deseo, que necesité toda mi vida, y por sobre todo, que yo había tenido contenido siempre, pero simplemente jamás quería dejar salir. A mis ojos el mundo era un lugar oscuro y triste y nunca iba a mejorar. Y cuando empecé a dejarlo entrar silenciosamente, sin que nadie se entere (porque tengo una reputación que mantener), del otro lado del océano, conocí a mi propio Clark Kent, quien con una sonrisa de siome absoluto, me ayudó a encontrar no sólo la persona que yo era y que realmente quería ser, sino, que además, me ayudó a salir de la pantalla boba en la que yo era estaba en tonos de gris.

batman-supermanMás allá de todo el palabrerío personal que acabo de incluir, cuando hablo del ¿cómo los superhéroes planean mantenerse en nuestras vidas por los próximos años como estrellas de rock?, hablo de que cada superheroe cuenta con una identidad propia, con décadas de historia marcando el ritmo de algún corazón en algún lugar del mundo. Y cada uno de ellos, encierra una cantidad de principios que como sociedades y como humanos, aspiramos o tendemos a tratar de llegar. Las grandes corporaciones ven las cosas en términos de audiencias y ganancias, y lamentablemente, el Dios del Sol de Smallville nunca se recuperó de las atrocidades que hizo con él la CCA, pero en los 80′s su contraparte nocturna se reivindicó como el estandarte que marcaba el pulso de la industria: Batman tenía onda. Era oscuro, atrevido, rebelde, profundo, peleaba con adversarios totalmente desquiciados e imponía miedo. Algo así como todos los grandes males que aquejan a nuestro mundo, si me lo preguntás a mí. Batman es un antihéroe, sí, es el héroe que Gótica necesita, y es el status quo que amamos y que ojalá nunca cambie. Pero creo que la glorificación de los principios que me presenta el personaje muestra una falla en lo que estamos haciendo como sociedad. Batman es un manotazo de ahogado en un mar de caos constante, es el summun de la desesperanza y el levantamiento en armas cuando abandonamos toda esperanza, y yo no quiero eso. No más, al menos. En su universo cinematográfico, DC viene haciendo algo que a nivel marketing funciona perfecto; todos aman a Batman, así que repitamos la formula Batman en todas las ecuaciones y recemos para ganarle a la próxima de Avengers.

Después de la década del ´80, DC se jactó de hacer comics para adultos e intelectuales, de hacer historias serias y realistas. DC, te amo, pero no se me ocurre nada más idiota. Hubo una época, en la que los superheroes eran un faro de esperanza para todos aquellos que no tenían la voz para hablar por sí mismos. Eran un ideal socialista en donde los oprimidos y los débiles tenían las posibilidades de todos los demás.

2691437-the_supermanA veces creemos que necesitamos violencia y traumas psicológicos o desesperación para dar una sensación de profundidad, o de seriedad. Creo que ese es el concepto más adolescente de todos, hacer de la vida un drama, para que parezca que vale la pena vivirla. Superman es el más grande de todos los héroes, no sólo porque fué el primero, y porque tiene todos los poderes y sarasa; es el más grande de todos porque no necesita ser el más grande de todos, o pelear contra los peores enemigos, o tener todo el reconocimiento; es el más grande porque jamás nos deja solos. Es tan fuerte, tan noble, que no necesita incurrir en lugares comunes, él restaura el equilibrio en el mundo donde todo parece en tonos de gris, con un rayo de sol a la vez. Es ese mejor amigo, que se rehúsa a dejarnos en banda, y creo que, al menos a gente como yo, les hace falta un poco de eso.

Vivimos viendo en la tele y en la calle o en el diario, toneladas de información sobre lo muy una mierda que se convirtió el mundo, y sin embargo, nos perdemos que si simplemente cada uno tuviera un buen gesto, sería un lugar mejor. Todos somos Clark Kent, aunque a veces nos olvidamos de eso, atrapados en nuestra mediocridad y en que Lois nos ignora por cagones; Clark no se olvida de nosotros y eso es a prueba de todo.


Originalmente escribí ésto para Comiqueando.com.ar .

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