‘La Favorita’ de Mathias Lehmann

La-favorita-lehmanHay pocas cosas que me hacen chillar como nena chiquita como el Linograbado. Me vuelve loca. Es una técnica intensa e increíble. Igual que la historia que nos compete.
Constance tiene diez años, y es una huérfana que vive encerrada en una casa junto a sus abuelos, dos viejos de mierda. Él es un borracho de mierda y ella una sádica deplorable. Constance es todo lo feliz que puede ser una niña de diez años encerrada en una mansión de la que no puede salir: pasa el tiempo deambulando por la casa o por los alrededores… Pero hay algo raro. Hay un enorme secreto que crece junto con la tensión que se genera en la casa y que está a punto de explotar, y con el que nuestra protagonista va a tener que lidiar, así como con su pasado y futuro.

Está articulado como un cuento para chicos, pero con el peso y la deselvoltura dramática del folletín y la novela gráfica (hay algo de Henry James muy presente; Forster también), intercalado con una presición técnica en el trazo que remite a Robert Crumb. Jugando con elementos formales de la historieta desarrolla la trama muy jocosamente.

Éste es un cómic que habla de descubrimientos. Sobre todo, de autodescubrimientos. El primero de todos es una sorpresa para el lector, pero a partir de ahí, (cuando la historia apenas se ha formulado como la típica historia de una pobre huerfanita) es cuando podemos empezar a construir a Constance como personaje. El descubrimiento del amor, la pérdida de la inocencia, la crueldad, el juego de máscaras con el que a veces nos ocultamos, y sobre todo, los secretos que bucean por debajo de la superficie aparente de una famlia son algunos de los temas de esta obra, que también aborda cuestiones de identidad sexual.

En general, la obra de Lehmann es mucho mejor mostrando que explicando. En cierto punto de la trama el autor parece sentir la necesidad apremiante de justificar su propia historia y recurre a explicaciones literales que irrumpen de manera un tanto abrupta, y la narración pierde la intensidad con la que se había ido cocinando a fuego lento durante los dos primeros tercios.
Los elementos menos explícitos de la historia son los que brillan con más intensidad. Son aquellos que tienen que ver con el género como construcción social (y por tanto elemento estandarizado, prefijado, e impuesto, a partir del cual tenemos que construir nuestra identidad personal), el despertar sexual, los juegos infantiles y el temor a interactuar con otros infantes, el miedo a los adultos, la cultura de la pederastia, y la manera en que los rasgos propios de la niñez (la curiosidad, y la necesidad de desarrollar juego simbólico) afloran en la adversidad, suceden pese al sometimiento a una autoridad destructiva.
Me quedó de alguna forma el gusto a poco al final. Sentí que la obra así de maravillosa como se planteaba en el incio, peca de “tibia”. El autor tenía entre manos un material excelente para generar una reflexión más abierta y menos estereotipada sobre la identidad de género, y no sólo corta de forma abrupta cualquier oportunidad de hacerlo, sino que parece retractarse, poniendo fin al relato con un volantazo hacia lo normativo.
Ahora, nada de ésto que dije hace que sea una obra menos disfrutable. A lo sumo, es una cuestión de gustos, que está totalmente abierta al debate. Me parece en general una obra muy bien plantada y construida, en especial en la primera mitad, pero bueno, soy jodida de complacer.

 

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